Esa sensación cuando todo el cuerpo te hormiguea, la piel se eriza, y
los ojos se nublan. No sabes el motivo, pero tiemblas de emoción. Te
giras y ves en la misma habitación unos ojos verdes que parecen atraer
toda la luz de la habitación, y son el único foco de tu atención.
Notas
que su mirada se clava en la tuya y el temblor se intensifica. No sabes
aun el motivo, pero su mera presencia, su mirada sobre tu cuerpo, te hace
arder por dentro y tu estomago se contrae. Sientes mareos y solo
quieres que la distancia se acorte.
Empieza a caminar lentamente hacia ti. Los nervios te juegan una mala
pasada y crees ser una gelatina temblorosa. Tus piernas vibran y casi
no pueden sujetarte. Es entonces cuando él llega hasta ti y se acerca hasta que prácticamente las puntas de sus pies se alinean con las tuyas. Su mano se alza y acaricia tu rostro y retira un mechón de pelo para
rozar con sus dedos tus mejillas, baja la mano hasta tu barbilla. Su
aliento roza tu cara y tus pestañas revolotean. Parpadeas, como una
mariposa asustada.
Crees que es un sueño.
Con sus labios acaricia tu mandíbula, dejando allí donde te a rozado un reguero de fuego apasionado. Tus ojos lagrimean y no te crees capaz de mantener las lágrimas a raya. La cabeza te da vueltas, y más vueltas. Sientes que vas a caer al
suelo si no besa tus labios y los desata del sufrimiento más cruel que
crees que te han infligido.
Y entonces suspiras, dándote cuenta de que has mantenido todo ese rato la respiración.
Él gira la cabeza y tortura tu piel con sus pausados besos por toda
la extensión de tu rostro. La sien, los parpados, la frente y de vuelta a
las mejillas, para posar un ultimo beso en la comisura de tus labios.
Al fin mueves la cabeza, buscando el secreto que esconde. Tratando de
robarle un beso, pero sólo consigues que se aparte y esboce una sonrisa
torcida que sabe que te hará, de un modo traicionero y seguro,
derretirte por completo por aquel desconocido.
Baja su rostro y besa tu cuello, mientras con sus manos te rodea la cintura y la nuca. Consiguiendo así tenerte sujeta y quieta.
Te sientes como la presa de un depredador peligroso, pero la atracción
es inevitable, astuta, certera...te dejarías hacer cualquier cosa.
Es entonces cuando al fin vuelve su rostro a posicionarse frente al
tuyo y te ahoga en un beso tan devastador que las piernas ceden
totalmente, y es él el que te sujeta fuertemente contra su cuerpo.
Las bocas juegan y crean un volcán de lava en erupción en todo tu
cuerpo. Tus brazos cobran vida y se abrazan a su cuello, tus piernas te
vuelven a sujetar, y el mundo, su cuerpo y el tuyo, dejan de existir.
Todo se funde en uno y es cuando pierdes de vista la razón de la
existencia. Ya no estas en un paraíso terrenal, has pasado a estar en un
cielo de fuego y llamas llamado pasión
Sus caricias te
envuelven y te enloquecen. Te hacen sentir el único ser sobre la
tierra y nada tiene importancia en aquel momento, excepto sus manos
en tu cuerpo. Esas sensaciones son el maná de la felicidad, del
placer y la lujuria.
El cuerpo vibra
con cada roce. Sus dedos viajan por tus hombros descubiertos,
acariciando cada célula de tu piel, despertando y hormigueando el
órgano más erótico y extenso que recubre tu cuerpo. Todo reacciona
a su paso y tus pechos se yerguen atentos a cada paseo de aquellas
maravillosas manos suaves y grandes.
En ese momento
reaccionas y te das cuenta de que no estáis realmente solos, de que
estáis rodeados de otras personas que están en su propio universo.
Bailan, hablan, beben, y tu casi pareces invisible ante aquellos ojos
extraños. Te da una especie de seguridad y a la vez de verdadero
éxtasis estar junto a gente desconocida haciendo cosas tan intimas y
personales.
Vuestras bocas se
separan y un gemido se escapa entre tus labios entre-abiertos. Te
mira, con esos ojos que te hipnotizan, y crees poder volar fuera de
tu cuerpo. Te sonríe torciendo la comisura de la boca y al fin has
caído en un infierno de lujuria.
Sus brazos rodean
tu cintura y te atrae hacia su cuerpo entre chocando el centro de
ellos. Y lo notas, lo sientes. Duro, fuerte, grande y poderoso. Te
hace sentir pequeña y vulnerable a su atracción.
El calor te vuelve
a hacer gemir, y él trata de colar su lengua entre tus labios. Saben
a cerveza y nunca habías creído que el sabor de esa bebida pudiera
parecerte afrodisíaca.
Acaricia tus
labios humedeciéndolos y capturas entre tus dientes el musculo
juguetón. Tan delicioso como creías que podía estar. Y la lucha
vuelve a empezar. Un combate por saber quien derrite a quien.
Una mano en tu
pecho, acaricia tu pezón y eso consigue darte el valor suficiente,
el coraje para alzar las manos, amarrarte a su nuca y enredar los
dedos en su cabello mientras tiras de él y su cabeza cede.
Esta es tu ocasión
de devorar con avidez la nuez de su garganta, succionar su piel y
lamer cada gota de pasión. Besas el lateral de su cuello y
mordisqueas su arteria principal. Huele tan bien que pierdes el
norte y te da igual quienes te rodean, necesitas que sea tuyo.
29/03/2012 (encuentro) 24/07/2014 (pérdida de cordura)